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Carlos Uralde, fotógrafo profesional

Adoro mi profesión porque se desenvuelve a través de dos maravillosos mecanismos de nuestro cuerpo, como son la vista y el oído, para llevarme a experimentar la realidad con todos los demás sentidos de este increíble equipo sensorial que es el organismo humano.

La fotografía profesional supone una implícita relación con el concepto “tiempo” al permitirnos congelar un instante, y –por otro lado-, inmortalizarlo para siempre. Pero en nuestro presente es raro no sentirse animado a materializar la creatividad a través de otras técnicas cada vez más enlazadas con la foto. Hablo del vídeo, de la informática y de cualquiera de las muchas formas de expresión plástica con que hoy practicamos esa inseparable faceta de nuestra naturaleza, que es la comunicación.

Mi trabajo fotográfico

Ambas disciplinas me han llevado a viajar por todo el mundo, lo que me ha permitido, no sólo enriquecer mi propia experiencia personal, sino nutrir también un extenso currículum profesional.

He publicado en numerosos medios como Vogue, Marie Claire, Elle, Telva, Cosmopolitan Paris Match, L’Express, Hola, Semana, Gourmets, U.S.A. Today, The Observer, The Independent, Futuro, The New York Post, El Mundo Magazine, Trends-Tendances, Epoca, Money, Diario ABC, Suplemento Semanal, Frankfurter Allgemeine Zeitung, ... He realizado igualmente portadas de libros y producciones de cartelería para teatro y otras actividades culturales. Como Realizador y Productor trabajé para la RTL y dirigí CCTV, productora que fundé con Carlos Beuille y con la que realizamos –en exclusiva para euronews– documentales y reportajes en distintas regiones del planeta que completan un total de 58 países en mi larga lista de viajes como profesional de la imagen.

... en plena faena

Una cosa es el trabajo “sobre pedido” y otra, la inevitable relación que un “creador de imágenes” mantiene permanentemente con los infinitos y cambiantes escenarios que la vida y la imaginación ofrecen. Por eso –y dadas las ventajas que nos ofrecen nuestros teléfonos móviles–, disparo a diario un buen número de instantáneas. que –a manera de recordatorio– me sirven para elegir lugares donde poder realizar una sesión de moda, o determinar la incidencia del sol en los distintos escenarios (naturales o urbanos) por los que transito en un determinado momento, pues a la hora de afrontar un encargo para fotografiar (ej.) un monumento, no obtendré el mismo resultado si lo hago a las 10 de la mañana, que a las 5 de la tarde (en función de la orientación que esa escultura tenga: N-S-E-O).

También es fácil encontrarme haciendo juegos de encuadre con los dedos sobre cualquier escena –aparentemente banal– a la que poder arrancar alguna pizca de la mucha belleza que nos rodea. Todos esos datos que recojo a través de una vulgar fotografía realizada con mi móvil, puedo determinar el tipo de equipo que necesito para abordar después el trabajo en concreto, en la fecha elegida: flashes de apoyo, pantallas reflectoras, espejos, etc. 

Mi profesión es una especie de “entrenamiento permanente” para estar en forma a la hora de abordar cualquier encargo, devorando revistas, ilustraciones y todo aquello que pueda servir de referencia para inspirar la necesidad de innovación que el mercado (y uno mismo) permanentemente tiene. 

Como en muchas otras disciplinas, en la ejecución de una sesión fotográfica o de un operativo de rodaje, han de hacerse coincidir distintas variables que no siempre dependen de uno: condiciones climatológicas (en exteriores), concentración, empatía con los modelos, condiciones y rendimiento óptimo de éstos, buena comunicación con auxiliares y con los responsables del estilismo, el maquillaje, la peluquería… labores todas que han de estar continuamente supervisadas por el responsable último de toda esa orquestación.